Frappes

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miércoles, 14 de septiembre de 2016

¿Cómo sería la vida sin café?



En un mundo en el que se consumen 1,6 mil millones de tazas de café al día, es muy posible que la perspectiva le ponga los pelos de punta a más de uno. Sin embargo, un nuevo estudio del Jardín Botánico Real de Kew(Londres) advierte de que, debido al cambio climático, la variedad de café de mayor consumo, el café arábigo, podría desaparecer en 2080.


Que no cunda el pánico, la realidad no es tan negra como parece. El estudio se centra en plantas de café, y lo que nosotros bebemos se elabora a partir de sus derivados. Sin embargo, la pérdida de las plantas salvajes dejaría los cultivos en una situación muy vulnerable, lo que en última instancia podría llevar a un descenso de la calidad y una subida de precios para los consumidores.


«La historia del café arábigo está salpicada de enfermedades, pestes y problemas de productividad, y los cultivadores siempre han acudido a la naturaleza y la diversidad genética para enfrentarse a ellos», afirma Aaron Davis, director del programa de investigación sobre el café del Jardín Botánico.


Existen solamente dos variedades principales de café cultivado: el café arábigo, procedente de la planta Coffea arabica) y el café robusta (de la planta Coffea canephora). Sin embargo, hay más de 125 especies en la naturaleza, y más por descubrir, como afirma Davis, que lleva 15 años estudiando las plantas de café.


«Es lo que más me sorprendió cuando empecé a trabajar con el café», comenta. «Hay una enorme variedad, y hay especies que todavía ni se conocen y que podrían ser muy útiles».


El inestable futuro del café arábigo


El café arábigo es fundamental para la industria, pues representa el 70% de la producción mundial, según la Organización Internacional del Café. Sin embargo, la mayor parte proviene de unas cuantas plantas traídas de Etiopía en los siglos XVII y XVIII, como explica Davis, y su reducido stock genético lo hace muy vulnerable.


El nuevo estudio, liderado por Davis y publicado esta semana en la revista PLOS ONE, combina observaciones de campo y simulaciones por ordenador para estudiar cómo afectarían al café arábigo los diversos escenarios. Se centra en Etiopía, mayor productor de café de África y donde se cultiva la variedad arábiga, y algunas áreas de Sudán del Sur.


Las perspectivas son muy negativas, según las conclusiones del estudio. Incluso en el mejor de los casos, desaparecerían dos tercios de las zonas adecuadas para el cultivo para 2080, y en el peor, sería el 100%. Y esto teniendo en cuenta únicamente el cambio climático, no la desforestación.


Davis y otros investigadores visitaron Boma, en Sudán del Sur, en abril para evaluar la viabilidad de la producción de café, y descubrieron que las plantas de arábigo estaban en muy mal estado.


«Después de una semana ahí nos dimos cuenta de que nuestro objetivo había cambiado: se había convertido en una misión de rescate», comenta Davis.


El estudio recomienda que se guarden cuanto antes muestras de Boma en bancos de semilla, pues la especie podría extinguirse en 2020.


La planta de café arábigo suele crecer en zonas altas en montañas tropicales, como explica el botánico Peter Raven, que no participó en el estudio. Puesto que ya están viviendo en el límite de los ecosistemas, no tienen dónde ir cuando suben las temperaturas.


«Los bosques nubosos donde crece la especie están desapareciendo, y las plantas y animales de esas zonas van a ser los más amenazados del planeta», añade Raven. «Gran parte de la producción de café de todo el mundo correrá peligro con el cambio climático».


En Etiopía, el tercer productor de café arábigo, la temperatura media anual ha aumentado 1,3 ºC desde 1960, según un informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo.


Estudios anteriores ya afirmaron que tanto el café arábigo salvaje como el cultivado son muy sensible al clima, pues sólo prosperan en un rango de temperaturas muy reducido.


«No cuesta mucho darse cuenta de que el cambio climático supone una grave amenaza para la especie», afirma Davis. «La conclusión lógica es que tendrá un impacto negativo en la producción de café».


Manos a la obra


La finalidad del estudio no es asustar a la gente, como comenta Davis, sino impulsar la acción.


«Queremos descubrir qué ocurriría si no hacemos nada y qué es lo que podemos hacer», señala Davis. «Si somos proactivos podemos evitar una situación devastadora».


El estudio identifica varios puntos donde la planta podría sobrevivir hasta al menos 2080 y recomienda que sean protegidos.


Distintas acciones conservacionistas han ayudado a otras especies para evitar su extinción, por lo que Davis es optimista sobre el futuro del café salvaje. Raven, sin embargo, ve el vaso medio vacío, y aunque cree que la protección es viable, considera que la conservación en bancos de semilla es muy importante incluso en áreas donde la extinción no es aún inminente.


«Independientemente de las medidas que se tomen, podemos esperar que la diversidad genética vaya disminuyendo año tras año», añade Raven. «Deben guardarse semillas de las especies más valiosas lo antes posible, antes de que sea demasiado tarde».


Cuestión de gustos


Robusta, un café más fuerte que empezó a cultivarse a mediados del siglo XIX en respuesta a la plaga de hoja de roya que causó estragos en los cultivos de arábigo en el sudeste de Asia, suele utilizarse en expressos y café turco. Puede crecer en altitudes más bajas y temperaturas más altas, por lo que está mejor preparado para resistir al cambio climático.


Sin embargo, esto no significa que los aficionados al café vayan a cambiar de gustos sin pestañear, como recuerda Davis.


«Os aseguro que no todo el mundo se contentará con cambiar a robusta», señala. «Como su propio nombre indica, es bastante fuerte, a muchos no les gusta su sabor y tiene el doble de cafeína que el arábigo. No es la misma bebida, sin más. Si perdemos el arábigo, creo que desaparecerá un amplio sector del mercado».


Algo así provocaría un importante trastorno económico: según la Organización Internacional del Café, éste es el segundo producto más comercializado del mundo, después del petróleo, y da empleo a 26 millones de personas.

Fuente: National Geographic

jueves, 8 de septiembre de 2016

¿Café de tueste natural, torrefacto o mezcla?



¿Sabes las diferencias entre el café de tueste natural, el torrefacto y la mezcla? ¿O lo compras por costumbre? ¿Cuál de ellos es mejor nutricionalmente hablando? Eileen Gordon, secretaria general de la Federación Española del Café (FEC) nos ayuda a responder a estas preguntas.

"El café de tueste natural es el aquel que lleva café verde como único ingrediente", dice la experta. El torrefacto es el café tostado en grano al que se le añade, antes de finalizar el proceso de tostado, sacarosa o jarabe de glucosa "en una proporción máxima de 15 kg de azúcar por cada 100 kg de café verde". Por último, el café de mezcla es el resultado de la mezcla de café de tueste natural (café verde) y café torrefacto en cualquier tipo de porcentaje.

Los orígenes del café torrefacto, cuenta Gordon, se remontan al S.XVII, "cuando existía la creencia equivocada de que el torrefactado conseguía mantener por más tiempo las propiedades naturales del café". La ciencia se ha encargado con el tiempo de desmitificar esta versión, pues el torrefactado no preserva ni el aroma ni el sabor del café. De hecho, su característica más particular es ese color oscuro que confiere a la taza a cambio de lo cual le resta sabor a la infusión: "el torrefactado tiende a enmascarar los sabores y aromas, además de aportar amargor. En resumen, confiere color, pero resta sabor", explica.

En España, el café torrefacto forma parte de nuestra cultura gastronómica, siendo de los pocos países europeos en los cuales se consume de forma habitual. De hecho, el 40 % del café consumido en España es de mezcla. Y es curioso además que, siendo tan aceptado el café torrecto (o precisamente por ello) seamos tan consumidores del café con leche (más del 75% de la población), azucarado o edulcorado (más del 90 %).

¿Cuál es mejor?

Desde el punto de vista de la salud, el perfil nutricional de una taza de café torrefacto y natural, independientemente del método de preparación, es prácticamente idéntico. ¿Sabes que una taza de café espresso de cualquiera de los tipos aporta menos de 5 kcal.? En lo que respecta a las propiedades de la cafeína, "éstas permanecen intactas, de ahí que sus efectos beneficiosos sobre el organismo sean prácticamente las mismas que las del café de tueste natural: favorece el estado
de alerta, rendimiento deportivo, ayuda a prevenir contra determinadas enfermedades (diabetes tipo II, neurodegenerativas o ciertos tipos de cáncer)" dice Gordon.

Vistas las diferencias, desde la Federación Española del Café, nos animan a "brindar una oportunidad al café de tueste natural, para apreciar en mayor medida todas las sutilezas y matices de los distintos orígenes (Colombia, Etiopia, Brasil, Guatemala, etc.) que conforman el mapa geográfico del café".


Fuente: mia.com

lunes, 29 de agosto de 2016

¿Por qué el sabor del café es diferente a variadas temperaturas?




Nada tan placentero como un café calentito, en especial si se trata de un día fresco y nos ayuda a templar el cuerpo. También se ha puesto de moda el café frío, bien frío, como un refrescante brebaje para paliar las tórridas tardes de verano, con helado, crema o hielo. Pero un café tibio, a temperatura ambiente, es bastante desagradable. ¿Por qué el sabor varía en función de la temperatura a la que lo bebemos?
En realidad, no es el sabor lo que varía, sino que más bien son nuestros sentidos los que perciben diferente a variadas temperaturas.
Se han realizado diversos estudios científicos para analizar por qué se modifica la percepción del sabor del café a distintas temperaturas. La forma en la que los receptores de las papilas gustativas responden a las moléculas, es lo que varía. En efecto, al beber algo a temperatura ambiente, entre los 20º y los 35º, esos receptores son más sensibles. Pero a temperaturas superiores o inferiores, hay moléculas que no son captadas, por eso el sabor es diferente y nos resulta más agradable.
Un café a 75º nos resulta menos amargo, porque los receptores para ese sabor, no se activan a esa temperatura. Los receptores del sabor dulce, en cambio, no sufren variaciones a diversas temperaturas. Por eso, pueden captar el dejo de dulzor del café, y atenuar su sabor amargo cuando lo bebemos caliente, y nos resulta una delicia.
Otro detalle es que el calor desprende las moléculas aromáticas del café, que al enfriarse se desactivan. De esa manera, percibimos ese aroma inconfundible y delicioso con toda intensidad cuando la infusión está caliente.
Cabe decir que el sentido del olfato tiene una influencia muy grande en el gusto de lo que comemos o bebemos. Las personas que pierden accidentalmente el sentido del olfato, pueden dar fe que el sabor de las cosas varía notablemente si no se perciben en forma conjunta el sabor y el aroma. El aroma hace que la percepción de amargor no sea tan marcada.
Otra teoría es que la temperatura distrae sobre el sabor, ya que nos preocupamos por no quemarnos, tomamos sorbitos pequeños, y eso hace que el sabor sea diferente.
Se ha comprobado también que el utensilio utilizado altera la percepción del sabor. No estás loco si crees que en tu taza favorita, el café sabe mejor.
Finalmente, cabe señalar que la obesidad afecta la percepción del gusto, es así que se pierden papilas de los sabores dulces, lo que hace que tiendan a comer cosas más y más dulces para percibir ese sabor.
También es cierto que todas las personas tienen puntos ciegos en su olfato, es decir, no perciben algunas moléculas olfativas, y hace que la percepción sea una experiencia totalmente personal.
Fuente: Amantes del café.org